Opinión
Luisa Pernalete

Luisa Pernalete

Tan tenaz a la hora de actuar en pro de los derechos humanos como ecuánime al opinar, Luisa Pernalete fomenta la convivencia ciudadana a través de Hagamos las paces.

Cada estudiante que camina nuestras calles rumbo al liceo, límpidos y bien planchados, son el signo de unas madres guerreras que batallan desde el hogar. Que buscan la sobrevivencia en el tesón, las colas y demás sacrificios para que sus hijos sigan yendo a la escuela. Es su apuesta por el sistema educativo de un grupo de mujeres que, lejos de estar dormidas, luchan cada día por el bien de los suyos.

Cuando me conmuevo, la conmoción se me reduce. Crece mi fe en la humanidad, pero crece también mi convicción de que los pacíficos tenemos que hablar más alto.

El hambre en Venezuela no se restringe a familias de pobreza extrema. Es real y masiva y los niños y niñas no tienen la culpa, aunque lo estén pagando, y disculpen la repetición de esta frase cada semana.

¿Quién tutela la Suprema Felicidad en Venezuela? ¿Cómo se llama? ¿Qué ha hecho en estos años de crisis? ¿Por qué ni Maduro se acuerda de este viceministerio que él creó?

Microhistorias de madres y comadres que no desfallecen en el trabajo de la concordia de sus comunidades.

 |  Jueves, 28 Abril 2016 00:00

La suspensión de clases por dos viernes consecutivos como medida de racionamiento eléctrico, más que pensar en el país, es otra medida irresponsable de un Gobierno que no privilegia a la educación como pilar de la nación, incentiva el ocio y forja a los adultos sin hábitos del futuro.

Maribel, junto al resto de su comunidad, escucha, aconseja, acompaña, en las buenas y en las malas. No viven del cuento, ellas viven en medio de gente sencillas, viven sencillamente, confían en la gente, anticipan el reino.

Haga su ejercicio diario frente al espejo, sonría de manera forzada y verá que en 3 segundos usted imitará su propia sonrisa, y eso le distiende, si el día se presenta rudo, dese 5 segundos, y si todavía no se sonríe de verdad, acuda a su psiquiatra porque está muy mal.

Los padres siguen en el calvario de los malabares para conseguir los medicamentos que requieren sus hijos en un país que privilegia la compra de armas antes que la de medicinas.

Hemos comenzado un plan de formación para acompañar a víctimas de la violencia con Médicos Sin Fronteras.



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